La app nombra una parte, tú la buscas y la tocas… y después la pintas como quieras.
Nabucodonosor, rey de Babilonia, se llevó cautivos a unos muchachos del linaje real de Judá. Le ordenó a Aspenaz, príncipe de sus eunucos, que trajese “muchachos en quienes no hubiese tacha alguna, y de buen parecer, y enseñados en toda sabiduría… e idóneos para estar en el palacio del rey”.
En el palacio les cambiaron los nombres, para que recordaran a los dioses caldeos: a Daniel lo llamaron Beltsasar; a Ananías, Sadrac; a Misael, Mesac; y a Azarías, Abed-nego. Debían estudiar tres años las letras y la lengua de los caldeos.
Les sirvieron la comida y el vino de la mesa del rey. Parecía un favor… pero una porción de esa comida se ofrecía a los ídolos: comerla habría sido rendir homenaje a los dioses de Babilonia.
Sus tres compañeros apoyaron la decisión. “Puso Dios a Daniel en gracia y en buena voluntad con el príncipe de los eunucos”, pero el príncipe tuvo miedo: “Tengo temor de mi señor el rey, que señaló vuestra comida y vuestra bebida”. Entonces Daniel le pidió a Melsar, el oficial encargado de ellos, una prueba de diez días con alimento sencillo y agua.
“A estos cuatro muchachos dióles Dios conocimiento e inteligencia en todas las letras y ciencia: mas Daniel tuvo entendimiento en toda visión y sueños.” Cuando el rey los examinó, “no fué hallado entre todos ellos otro como Daniel, Ananías, Misael, y Azarías”, y los halló diez veces mejores que todos los magos y astrólogos de su reino.
Pasaje: Daniel 1 (Reina-Valera 1960) en BibleGateway. Las frases entre comillas son las que cita el capítulo 39 de Profetas y Reyes.
El capítulo se titula “En la corte de Babilonia”. Cuenta que esos jóvenes fueron llevados “desde la comparativa sencillez de su hogar judío… a la más magnífica de las ciudades, y a la corte del mayor monarca del mundo”.
El rey no los obligó a cambiar de religión de golpe: esperaba lograrlo poco a poco, con nombres nuevos, con costumbres idólatras y con los ritos del culto pagano. La primera prueba fue la comida.
Los cuatro también sabían que el vino y el lujo dañarían su cuerpo y su mente: conocían la historia de Nadab y Abihú y sus resultados, y sus padres les habían enseñado hábitos de estricta templanza.
Y el capítulo deja una frase para guardar: “Fué la fidelidad en las cosas pequeñas lo que dió carácter a toda su vida”.
Fuente: Elena G. de White, Profetas y Reyes, cap. 39, “En la corte de Babilonia”. Disponible en egwwritings.org.
⭐ 3 puntos por encontrar las partes (uno por lámina con ronda) + 1 punto por contarlo = 4 puntos al día. Una lámina que ya pagó hoy no vuelve a pagar, aunque se borre el dibujo.
Toca un color y luego el dibujo. El color que elijas siempre está bien.
Las cuatro láminas en blanco y negro, una por hoja, listas para crayones. Usa Ctrl/Cmd + P e imprime en hoja carta: salen solo los dibujos, sin fondos oscuros y sin los colores de la pantalla. El adulto lee el nombre de una parte y el niño la señala en el papel.
Esta actividad está basada en Daniel 1 y en el capítulo 39 de Profetas y Reyes, «En la corte de Babilonia». Daniel, Ananías, Misael y Azarías fueron llevados cautivos desde Judá a la corte de Nabucodonosor para estudiar tres años las letras y la lengua de los caldeos. Allí les cambiaron los nombres: Beltsasar, Sadrac, Mesac y Abed-nego.
Les sirvieron la comida y el vino de la mesa del rey, pero una porción de esos alimentos se ofrecía a los ídolos: comerlos habría sido rendir homenaje a los dioses de Babilonia. Daniel propuso en su corazón no contaminarse y pidió a Melsar una prueba de diez días con alimento sencillo y agua. Al final sus rostros se veían mejores y más nutridos, y el rey los halló diez veces mejores que todos los magos y astrólogos de su reino.
Todo el contenido de esta actividad sale de ahí: no hay aplicaciones a la vida de hoy mezcladas con el repaso. Si quieren hacer ese salto, háganlo conversando después de jugar.
Esta es la actividad de identificar y contar. Su objetivo propio es uno solo: que el niño reconozca en la escena la parte que se le nombra (la copa del rey, el plato de la prueba, la túnica de Daniel, el trono) y sepa decir por qué está ahí. Es la única de las actividades del capítulo que también sale en papel, y la única que un niño de Principiantes o Corderitos puede jugar completa solo, porque no hay que leer nada para jugar.
«Propuso en su corazón de no contaminarse en la ración de la comida del rey, ni en el vino de su beber» Daniel 1:8
Esta actividad da 4 puntos al día, no diez: 3 por identificar (uno por cada lámina con ronda) y 1 por contar por qué Daniel dijo no. No hay rondas de relleno: solo se pregunta por cosas que el capítulo nombra, y la lámina de la puerta del palacio no paga punto porque todo lo que hay en ella es adorno del dibujo.
Una lámina que ya pagó hoy no vuelve a pagar hoy, ni siquiera borrando los colores y empezando de nuevo. Si su hijo falla una lámina, esa lámina también queda jugada por hoy: se puede volver a jugar para practicar, pero sin puntos. Mañana se reinicia. Así el punto significa haber reconocido la parte, no haber repetido la partida.
Las partidas extra son de práctica y la app lo avisa en pantalla. Colorear se puede siempre, con o sin partida y con o sin perfil.
El perfil se crea una sola vez con el nombre y el número de documento del niño o la niña. El documento es la llave para sumar puntos: nunca aparece en el tablero, solo el nombre.